Shibari, el arte del bondage japonés

Cada vez nos suena más la palabra ‘bondage’ y los juegos de dominación y sumisión en la cama son una tendencia que se consolida con fuerza. Quizás ahora sea el mejor momento para ir un paso más allá y conocer algunas variantes de esta modalidad. Ese es el caso del shibari, un estilo japonés de bondage que convierte el acto de atar en un auténtico arte.

El shibari se basa en sujetar a tu pareja con cuerdas generalmente de fibras naturales (arroz o yute) a partir de determinadas técnicas y siguiendo ciertos principios estéticos. Este imprescindible componente visual del conjunto es uno de los aspectos que lo distingue del bondage occidental. Otros matices distintos son el concepto de inmovilización, ya que el shibari no exige que el sujeto esté inmovilizado por completo, y la estimulación de los puntos de energía del cuerpo propuestos por la medicina tradicional oriental.

¿Cómo atar a tu amante?

Más allá de estas sutiles diferencias, ambas prácticas comparten la misma base, la relación erótica que surge entre el dominante y el sumiso. Y, por supuesto, se guían por las mismas normas: son un juego consensuado con unos límites claros y preestablecidos. No son, bajo ningún concepto, crueles ni violentos.

A pesar de ello, el shibari se rige por sus propias pautas. Con cuerdas de unos 8 metros, la ceremonia del cordaje se construye por etapas: primero se inmoviliza el tronco, luego se atan las nalgas y el vientre y, por último, todo el conjunto corporal. Hay gran variedad de técnicas, dependiendo de la postura en que queda el sujeto atado (a veces pueden quedar colgados parcial o totalmente) o de las figuras que crean las cuerdas sobre su cuerpo.

Precauciones a tener en cuenta al practicar shibari

El shibari es una experiencia compleja que requiere de destreza y precaución. Un cordaje inadecuado puede malmeter nervios y articulaciones. Por seguridad, recomiendan:

· Vigilad con los movimientos rápidos de la cuerda sobre la piel para evitar quemaduras. Comprobad constantemente que las extremidades no están sufriendo y que las cuerdas no oprimen demasiado. Jamás paséis un lazo apretado en torno al cuello.

· Dejad siempre unas tijeras a vuestro lado en caso de que necesitéis cortar las cuerdas urgentemente.

· Ya sea de forma verbal o no verbal, es imprescindible una óptima comunicación con el sujeto atado para prevenir situaciones de peligro.

· Tomad precauciones extra si la persona atada es novata o sufre problemas respiratorios o circulatorios.

· Sed conscientes de que va más allá de un simple juego con cuerdas y que la experiencia puede resultar notablemente excitante y, según dicen, incluso mística.